- El espacio se construyó en la Escuela Tomás Vargas y Arcaya de Maipú, gracias a una colaboración público-privada entre el Gobierno de Chile y la siderúrgica Aceros AZA.
Un entorno verde, con un diseño circular que crea un espacio cerrado y seguro pensado para la contención emocional de niños y adolescentes. Así es la nueva sala psicosocial inaugurada en la Escuela Tomás Vargas y Arcaya de Maipú durante la jornada de este miércoles, la que fue construida con acero verde proveniente de la fundición de armas realizada a comienzos del año pasado en Aceros AZA.
En ese entonces se destruyeron 24.402 armas, equivalentes a más de 30 toneladas, provenientes de incautaciones, entregas voluntarias y material dado de baja por las Fuerzas Armadas. Todo eso fue procesado por AZA, la principal productora de acero del país y una de las cinco siderúrgicas más verdes del mundo, para ser transformado en materiales usados en la construcción de la sala.
El diseño del proyecto fue desarrollado en una primera etapa por la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Valparaíso, que a través de un proceso de análisis y trabajo colaborativo con estudiantes propuso el concepto arquitectónico del espacio: una sala circular, con una marcada verticalidad que permite otorgar mayor amplitud y luminosidad a una planta de dimensiones acotadas. A partir de esa propuesta conceptual, Continua Arquitectos asumió el desarrollo técnico del proyecto, ajustándolo a los requerimientos constructivos y normativos vigentes, y liderando posteriormente la ejecución integral de la obra.
El subsecretario de Defensa, Ricardo Montero, destacó esta instancia como una de alegría y optimismo, gracias a una política de Estado que se materializa en ayuda directa a la comunidad. “Es una buena noticia que haya menos armas en las calles. En este gobierno hemos destruido más de 89 mil, y el material de esas armas lo estamos reutilizando (…) Para construir esta sala se utilizaron 3,5 toneladas de armas, las que hoy se traducen en contención y en apoyo a niños, niñas y adolescentes”, comentó tras la actividad.
Para esta obra fue necesaria una activa colaboración público privada, en la que AZA tuvo un rol fundamental. “Tenemos la convicción de que el mundo privado debe también cumplir un rol social en el país. Nosotros lo hacemos siendo articulando un ecosistema de reciclaje de chatarra ferrosa que recorre todo el país, pero también con acciones como esta, que generan impacto positivo en las comunidades. Hoy tenemos el orgullo de decir que nuestro acero dará un espacio de protección y contención a los niños de esta escuela”, dijo la gerente de Sostenibilidad y Personas de Aceros AZA, Aida Soto.
En total se utilizaron 3,5 toneladas de acero en la estructura principal de la sala. Cerca del 70% del espacio está conformado por este material, principalmente mediante perfiles de ángulo laminados, planas laminadas en caliente y barras de refuerzo. La estructura considera un núcleo central soportante que organiza y estabiliza el conjunto, junto con una fachada abierta resuelta en base a ángulos laminados debidamente arriostrados, diseñada para absorber de manera eficiente las cargas estructurales y responder adecuadamente ante eventos sísmicos.
“Solo agradecer este maravilloso regalo que nos va a ayudar mucho en la contención socioemocional de estudiantes. Agradecemos mucho al gobierno, a AZA y a todos quienes hicieron esta obra”, añadió la directora de la Escuela, Narda Ávalo.
La destrucción de armas es un hito que se hace desde 2004 -en colaboración público-privada entre la Dirección General de Movilización Nacional, el Gobierno y AZA- y desde entonces se han destruido cerca de 200 mil armas. Pero en 2025 se marcó un hito, ya que fue la primera vez que el acero proveniente de este material se destinó a un fin en específico.
